Home Internacional Fidel Castro y el estado de la democracia en el mundo

por Marc Serra (@MarcSerra21) y Luciano Napolitano (@luchito_cjs)

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El pasado 25 de Noviembre se producía una de las noticias que todos sabíamos que pasarían de un momento a otro. En la Havana, Cuba, fallecía el exjefe de estado y de gobierno y “Comandante de la Revolución” Fidel Alejandro Castro Ruz a la edad de 90 años.

Pero ¿Quién fue Fidel Castro? Es una pregunta que podemos enfocar desde varios puntos de vista y que queda claro que la respuesta levanta una gran cantidad de pasiones de la cual están siendo objeto numerosos debates. Y vaya por delante que los dos autores que firmamos este artículo consideramos que, al margen de su gestión a veces acertada, Castro ha sido un líder autoritario y dictatorial.

Lo que es indiscutible, también, es de que estamos hablando de uno de los personajes más importantes y determinantes de la política lationamericana y global del siglo XX. De aquellos que no dejaba ni dejó nunca indiferente a nadie, y que convirtió la “Revolución” cubana en una etapa excepcional de la historia política de nuestros tiempos por la influencia y efectos sobre otros países y su ciudadanía. Y Castro, un auténtico artista de la contradicción que mientras consiguió una notable mejora en relación al acceso a servicios públicos como sanidad o educación, reprimía la disidencia al régimen y que ha visto limitada y perseguida su derecho a la libertad de expresión.

Fidel Castro nació en el 1926, hijo de un importante terrateniente de la época, renunció a una vida de privilegios para convertirse en un líder de la izquierda revolucionaria que luchó contra una de las dictaduras más feroces de la época liderada por Fulgencio Batista y derrocándola en 1958.

La enemistad con Estados Unidos marcó el resto de su vida, como anticipó en una carta escrita en 1958 en su escondite en la Sierra Maestra: “Cuando esta guerra se acabe empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la que voy a echar contra ellos. Ese va a ser mi destino verdadero”. En 1962 instaló en Cuba misiles nucleares soviéticos, poniendo al mundo al borde de una guerra atómica. Durante las siguientes cinco décadas, Fidel Castro fue el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y primer secretario del Partido Comunista (único partido legal en Cuba).

Ésta larga trayectoria convirtió a Fidel Castro en un símbolo de cómo lo imposible (o muy improbable) puede convertirse en realidad. Nadie se esperaba que una revolución triunfante a pocos kilómetros del poder imperial de la época podía resistir en el tiempo y más en el contexto destructivo de la Guerra Fría. La Cuba de Fidel se sostuvo de pie en las circunstancias más críticas del siglo pasado y resistiendo un bloqueo calificado por varios líderes mundiales como injusto y abusivo. De hecho, incluso el mismísimo Presidente de los Estados Unidos Barack Obama llegó a decir que esta controvertida política de su país “ya no tenía cabida”, y lo hizo en la ONU en setiembre del pasado año 2015.

El debate sobre el legado de Fidel Castro pasa por entender en qué posición queda el pueblo cubano después de todo este tiempo. No podemos decir que todo lo que han atravesado los cubanos ha sido un camino lleno de rosas, sino todo lo contrario. El bloqueo económico y los pocos recursos de la isla han golpeado muy duramente el bienestar de todos sus habitantes. Pero aun así, Cuba ha conseguido tener uno de los mejores sistemas sanitarios más eficaces y eficientes del mundo, siendo uno de los principales proveedores principales de médicos al resto de países. El acceso a la sanidad es universal y gratuito y cuesta por cada habitante cubano unos 250 dólares. Mientras que en Estados Unidos, para poner un ejemplo cercano, el coste de cobertura médica cuesta alrededor de los 7.000 dólares. De hecho, la OMS afirma que su sistema sanitario es de referencia mundial y digno de ser imitado.

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Calle de La Habana. Fuente: Antoni Pallé.

La educación es otro de los pilares básicos de los cuales el legado de Fidel se hace más visible. Según UNICEF, más de un 98% del total de la población cubana tiene los estudios primarios acabados y más de un 86% los estudios secundarios. La lucha contra el analfabetismo es, sin duda, una de las principales banderas de la revolución Cubana.

Pero como decíamos, en el gobierno de Castro, no todo ha sido de color de rosa. Fidel entendía que la democracia no resolvía todos los problemas políticos y sociales, por lo que descartaba cualquier tipo de elecciones democráticas dentro de la “Revolución”. Aunque siempre repetía en sus discursos que esta no era eterna y que habría un momento en el cual, y como proceso dinámico, la misma se iría institucionalizando y que la democracia cobraría nuevas formas con el objetivo de ser más real y representativa de los intereses populares.

Otro de los aspectos más criticados contra Fidel Castro, fue la persecución de los opositores al régimen, de los que no apoyaban la revolución. Muchos cubanos hubieron de exiliarse en EEUU o en Europa y muchos que se han quedado en la isla han sido detenidos y acusados de delitos como “peligrosidad social” o pertenecer al terrorismo estadounidense.

El Libro de Condolencias. Fuente: Antoni Pallé.

En otro sentido de las cosas, etapas como la de los Castro en Cuba, y haciendo un ejercicio de política comparada, verdaderamente da para preguntarse incluso si la democracia existe en algún lugar del mundo y a pleno rendimiento. Habrá quien se nos tirará a la yugular con qué en las democracias liberales existen unos mínimos de derechos políticos, sociales, económicos y civiles que en Cuba se han visto, muchos de ellos, lesionados o directamente anulados. Pero, ¿si el mejor sinónimo de la democracia es el voto, saben muchos que en Cuba se vota bastantes más veces que en muchas de esas democracias liberales, mediante diferentes consultas a la ciudadanía? Y algunos ahora aseguraran que además de muchos déficits democráticos, en Cuba tan siquiera se puede votar el modelo de estado o la forma de gobierno. Pero, y en este caso, ¿si pueden hacerlo en Francia para acabar con el sistema republicano o en Alemania para terminar con el sistema federal, por ejemplo? Pues la verdad, es complicado, o directamente imposible, dada la rigidez de la norma constitucional o el proceso de reforma de la carta magna que corresponde y que así se encarga de bloquearlo. Los sucesos o excesos de unos y otros, propios y ajenos, así como las razones históricas de un lado y de otro explican como la ley en Alemania se blindó para no alterar un impuesto sistema federal por el miedo a volver a los vicios totalitarios de los años 30, y en Cuba para protegerse del imperialismo y la subordinación a la oligarquía estadounidense, por ejemplo.

Pero aún diremos más. Si aunque es un hecho que en las democracias liberales existen esa serie de mínimos derechos que acabamos de citar, ¿alguien más ve como nosotros que una cosa es lo que dicen las constituciones y otra muy distinta la práctica llevada a cabo? ¿Qué pasa con la ejecución de según qué derechos como el de la vivienda por ejemplo, y el poder e influencia que juegan los poderes fácticos como en la cifra desproporcionada de desahucios que se han dado en los últimos años en Cataluña y en España? ¿Son algunos derechos un simple artículo en algunas constituciones, o los mandatos populares un titular de periódico y basta, como vivimos en Cataluña con la sentencia adversa del Tribunal Constitucional sobre el Estatut en 2010 después de haberlo refrendado el pueblo?

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La procesión funeraria para Fidel Castro, en La Habana. Fuente: Cubavisión.

Sin duda alguna, la etapa castrista explica en buena medida las controversias acontecidas en un siglo convulso como lo fue el pasado de nuestra historia. El abuso de poder de Castro propició que si bien se derrotó a la dictadura de Batista y se ahuyentó al imperialismo americano y la subordinación a su oligarquía económica y política, también cabe decir que esa prometida democracia prometida por Castro nunca llegó, o aún sigue esperando, aposentándose en el poder un sistema autoritario que renunció a abrirse en términos estrictamente democráticos. Castro quiso lesionar y reducir a través de su contribución e influencia el sistema capitalista en plena batalla con el comunismo en el mundo de los dos bloques, y aunque con los citados déficits democráticos, supo conquistar grandes hazañas que han sabido reconocer grandes organismos internacionales como la OMS, UNICEF o el Banco Mundial. Miró por los pobres y exportó vacunas, material sanitario y grandes profesionales que curaron vidas humanas en grandes gestos de solidaridad internacional mientras las democracias liberales giraban la espalda o hacían negocio con tiranos de turno que así lo permitían (claro, ¿siempre es más jugoso hacer el cálculo economicista y aplicar su lógica, no?), pero también reprimió la disidencia y obligó al exilio a quienes no apoyaban la “Revolución” mientras más países se sumaban a la ola democratizadora de las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Por el éxito sin precedentes de Castro aun al estar tan cercano de su principal y potente enemigo, que le hizo y le hace la vida imposible a la isla caribeña, aún con un mundo que a menudo cada vez más adverso a las políticas comunistas, que requieren de un proyecto global por ambicioso, nos apasiona la figura de Castro, desaparecido hace pocos días. Un personaje que ha marcado un siglo y capaz de conseguir la enemistad eterna de tantos presidentes de los Estados Unidos, pero la amistad de líderes y símbolos respectados por tantos, como Nelson Mandela.

Agradecimiento:

Queremos agradecer muy especialmente a nuestro amigo Antoni Pallé por habernos enviado fotografías y vídeos desde Cuba.

Imagen de portada:

Castro fumando un puro, 1960. Fuente: Diario Correo.pe.

Más fotografías:

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Carta que le escribió el Che a Fidel, convertida en monumento. Fuente: Antoni Pallé.

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AUTOR
Buenos Aires (Argentina), 1989. Llicenciat en Ciències Polítiques i de l’Administració per la Universitat de Barcelona l’any 2012, va arribar a la ciutat l’any 2003, després de l’ensorrament econòmic de l’Argentina el 2001. Ha estat actiu en diversos projectes lligats a l’associacionisme argentí a Catalunya, d’entre els quals destaca la seva participació en la fundació del Centre d’Estudis Néstor Kirchner (2010-2011). És el tresorer de Finestra d’Oportunitat.

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