Home Catalunya El meu primer vot

Per Luciano Napolitano (@luchito_cjs)

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Mi nombre es Luciano Mauro Napolitano, tengo 25 años y nunca he votado.

Nací un caluroso día de mes de Marzo en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, en una familia de clase trabajadora. Mi padre ha dedicado más de la mitad de su vida a la compra/venta de libros y mi madre su vida entera a cuidar de mí y de mi hermano. Nunca nos ha sobrado nada pero tampoco nunca nos ha faltado. Hemos vivido buenos y malos momentos, pero siempre nos hemos mantenido unidos. Lo único que nos ha logrado separar es la distancia.

Me vine a vivir a Cataluña a los 13 años. Después del estallido de la crisis de 2001, Argentina no podía garantizarnos un futuro a ninguno de nosotros y mis padres, tal vez tomando la decisión más importante de sus vidas, se vieron obligados a empaquetar nuestras cosas y abandonar la tierra que ellos amaban.

Mi padre y yo decidimos intentarlo. Mi madre y mi hermano se quedaron. Mis padres se habían separado cuando yo era muy pequeño, así que ahora que vivíamos juntos, pude aprovechar más el tiempo para conocer mucho más profundamente a mi padre, al cual yo solía ver una vez a la semana.

Mi integración en Cataluña no fue difícil. Las personas que me encontré por el camino marcaron mi destino para siempre. Una vida nueva, nuevos amigos, nueva lengua, los primeros amores, las primeras alegrías y las primeras decepciones. Todo me ha sucedido cerca, muy cerca del mar Mediterráneo.

Pero los chicos crecemos y nos llegan momentos cruciales en nuestra vida como la universidad. Nunca supe muy bien por qué me he dedicado a la Ciencia Política. Tal vez porque mi padre, con sus problemas de ceguera, me obligaba a leerle el periódico casi diariamente o tal vez porque simplemente entendí que mi vocación es ayudar a las personas que lo necesitan y la política (aunque hoy en día parezca una locura decirlo) es el mejor instrumento que tenemos los ciudadanos para hacerlo.

Gracias a las personas que allí pude encontrar, y con la cual viví y compartí infinidades de aventuras, poco a poco fui conociendo mejor y de manera más profunda el dilema de identidad en Cataluña. Si bien mi primera decisión al llegar a este hermoso país fue la de integrarme de la mejor manera posible y conocer de primera mano las costumbres y las tradiciones, no voy a negar en este articulo que al principio de todo entendía que la voluntad nacional catalana y el reclamo de independencia no llegaría a ningún sitio.

Pero hay algo que el ser humano no puede controlar y mucho menos prever y esos son los sentimientos. Cuando hablo de sentimientos hablo de pertenencia. Al ver aquellas mareas de gente que salieron a las calles en los años 2010 y posteriores a protestar por un derecho inalienable del ser humano, sentí que era el momento y el lugar donde yo quería estar y participar.

Cuando hablamos de pertenencia implica que también hablemos del derecho a poder ser y sentir. Hablamos de sentir un compromiso por un movimiento, por unas personas, por una tierra y por unas causas. Y eso, no habrá leyes que nos lo puedan quitar ni impugnar porque eso es lo que nos define como seres y como humanos.

Porque las leyes están para defender a los ciudadanos y sus creencias. No para enjaular sus sueños. Las leyes las hacemos las personas para cambiar y mejorar la vida de las personas. No para empeorarla. Y cuando una sociedad va por delante de sus leyes, entonces es porque las leyes que nos rigen han quedado obsoletas en el tiempo.

Un día un buen amigo me preguntó si había ido a votar en las últimas elecciones y qué había votado. Yo le respondí, entre risas, que nunca había podido votar. Siempre por alguna traba burocrática me había ausentado tanto en las elecciones de Argentina como las de aquí y que nunca había podido ejercer ese derecho.

Hasta que llego el 9 de noviembre de 2014.

Sin garantías jurídicas y constitucionales, hoy me he despertado con la ilusión de saber que al fin, podré ejercer el derecho que vengo esperando tanto tiempo poder ejercer. El derecho a mi propia libertad de expresión. Así que, junto con mi padre, nos hemos dirigido hasta nuestro colegio electoral y hemos depositado nuestro voto, culminando así seguramente uno de los momentos que mejor recordaré a lo largo de mi vida.

No quiero terminar este artículo, sin detenerme en todas aquellas personas que han estado conmigo en los buenos y malos momentos. En Cataluña hay gente maravillosa que merece poder empezar a escribir su propia historia y que no merece resignarse a no poder ser y sentirse libre.

Quiero terminar con una frase de una de mis canciones favoritas del cantautor Paul McCartney:
“And when the broken hearted people living in the world, agree. There will be an answer, LET IT BE”

LUCIANO NAPOLITANO.

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